No vale decir: “Yo no tengo equilibrio”. Casi nunca falla el pie que te aguanta. Está fallando la tensión que pones, el no control de la respiración, el miedo, la desconfianza, pensamientos que se “cruzan” y cortan tu atención…

“El equilibrio está en saber compensar dos fuerzas opuestas, no en la ausencia de tensión”

Quizás haya que buscar el equilibrio con la conciencia de toda tu persona.

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El punto HARA, en la parte o eje central del cuerpo, supone el punto de anclaje de todas las fuerzas que componen el equilibrio.

En el Hatha Yoga se procura un equilibrio de fuerzas, lo que permite mantener una postura estática un buen rato sin cansancio y, así, favorecer el trabajo interno del cuerpo, de los órganos, de las glándulas, del sistema nervioso, de la respiración… y al mismo tiempo, se consigue una fortaleza y elasticidad en toda la persona.

Si buscas el equilibrio lo encontrarás en la planta de los pies, en la mente y en el corazón. ¡No te olvides de ninguno de ellos!

Para hacer las ásanas de equilibrio se pide consciencia de cómo y dónde estás haciendo las fuerzas (sensibilidad interna), desde la planta de los pies, a la mente y el corazón ya que, los pensamientos y sentimientos pueden “interferir” enormemente en tu equilibrio.

“Con el yoga = unión del cuerpo y de la mente, de la fuerza muscular, la templanza de los nervios, la respiración, la voluntad, la atención, la inteligencia…puedes llegar muy lejos sin cansarte”

Esto se hace extensivo a la vida cotidiana. Puedes hacer un esfuerzo sin cargarte de tensión. Puedes sentir una tensión puntual, pero el resto de tu persona estar tranquila. Y puedes, como un buen arquero, decidir cuál es tu objetivo prioritario y orientar el cuerpo y la mente hacia él, con la energía necesaria para, después, retornar al descanso, al equilibrio.

Con las ásanas de equilibrio mejorará tu estabilidad y confianza, tanto física como anímica y, por la propia exigencia de estas posturas, mejorarás tu capacidad de concentración y serenidad.

Ahora muy atento, porque estas ásanas requieren más cuidado si cabe, que otras de columna o extremidades ya que cada pequeño movimiento, desde que empiezas, debe de estar dentro de tu control.

Eso quiere decir que seas consciente de cada pequeño paso:

  1. consigue la inmovilidad en la ásana con el equilibrio de fuerzas, no con tensión, intentando relajarte en el esfuerzo.
  2. mantén la respiración regular.
  3. que tu mente no se disperse pues perderás el control.
  4. deshaz la postura con calma.